Estudiante de preparatoria realiza un descubrimiento astronómico de gran relevancia: un posible eco de luz de un agujero negro de tamaño excepcional
Julian Shapiro, un estudiante de preparatoria de 17 años, ha captado la atención de la comunidad científica internacional tras identificar lo que podría ser uno de los ecos de luz más grandes registrados hasta la fecha, asociado a un agujero negro supermasivo cuya influencia se extiende más allá del tamaño de la Vía Láctea.
El descubrimiento se dio mientras Shapiro analizaba imágenes del proyecto DECaPS2, un estudio detallado del plano galáctico sur llevado a cabo desde el Observatorio Interamericano de Cerro Tololo, en Chile. Aunque su intención inicial era identificar remanentes de supernovas, detectó un patrón inusual en uno de los objetos observados.
A diferencia de los restos típicos de una explosión estelar, este objeto carecía de filamentos y otras señales características. Posteriores observaciones con el Gran Telescopio de África Austral (SALT) permitieron identificar la presencia de gas ionizado —como oxígeno y azufre— lo cual sugiere la existencia de un “eco de luz” emitido por un agujero negro que estuvo activo en el pasado.
¿Qué es un eco de luz?
En astronomía, los ecos de luz son fenómenos en los que el resplandor de eventos astronómicos intensos, como una supernova o un agujero negro, continúa iluminando las nubes de gas cercanas incluso después de que la fuente original ha dejado de emitir radiación directamente. Son una herramienta clave para estudiar eventos que ocurrieron hace millones de años.
En este caso, el eco descubierto tiene una extensión estimada de entre 150,000 y 250,000 años luz, lo que lo posicionaría como una de las estructuras de este tipo más grandes jamás registradas. En comparación, la Vía Láctea tiene aproximadamente 100,000 años luz de diámetro.
Valor científico y recepción en la comunidad
La comunidad científica ha recibido con entusiasmo el hallazgo. Sasha Plavin, investigadora en la Universidad de Harvard especializada en agujeros negros, destacó la capacidad analítica y el rigor con los que Shapiro abordó el estudio. Este tipo de fenómenos, señala, son fundamentales para entender cómo influyen los agujeros negros en la evolución de las galaxias.
Además, el descubrimiento amplía las posibilidades de estudiar la historia energética de nuestra galaxia y otras estructuras del universo, a través de la luz que aún resuena en el espacio.
Proyección a futuro
Shapiro, estudiante de la Escuela Dalton en Nueva York, ya participa en congresos científicos como la Cumbre Global de Física 2025 organizada por la Sociedad Americana de Física. Aunque el hallazgo fue inesperado, ha reforzado su interés en la astronomía y lo ha colocado en el radar de instituciones de investigación y universidades.
“Espero que este objeto ayude a ampliar el conocimiento sobre las actividades galácticas, que aún están llenas de misterios”, comentó en entrevista para Live Science.
Su trabajo es una muestra clara de cómo la ciencia, la curiosidad y el acceso a datos científicos de calidad pueden generar aportaciones significativas desde edades tempranas.

