Entre unidades “zombie” y choferes irresponsables, regresan a clases alumnos en Altamira

Altamira, Tamaulipas.— Con el regreso a clases también regresaron las largas filas, el congestionamiento vial y las preocupaciones de miles de familias que diariamente dependen del transporte público para trasladarse por Altamira, un servicio que moviliza alrededor de 91 mil pasajeros al día.

Mientras la Dirección de Transporte Público plantea trabajar en coordinación con Tránsito para mejorar la circulación, sincronizar semáforos y reducir los tiempos de traslado, otro problema permanece vigente y parece requerir una atención mucho más inmediata: las condiciones de algunas unidades y la conducta de determinados operadores.

El director de Transporte Público en Altamira, Óscar Luna Loya, informó que actualmente son aproximadamente mil 600 las unidades que prestan servicio en la zona, lo que representa una enorme responsabilidad para la autoridad encargada de supervisarlas.

Y es precisamente ahí donde surgen cuestionamientos, en las calles continúan observándose unidades que, por su estado físico, parecen estar lejos de las condiciones óptimas para ofrecer un servicio seguro y digno a los usuarios. Vehículos con evidente desgaste, interiores deteriorados y una apariencia que deja dudas sobre el mantenimiento que reciben siguen formando parte del transporte cotidiano de miles de personas.

Son las conocidas como “unidades zombie”, vehículos que pese al paso de los años continúan circulando y transportando pasajeros, lo que inevitablemente lleva a cuestionar qué tan rigurosa está siendo la revista y qué criterios se están utilizando para permitir que determinadas unidades permanezcan en operación.

El problema que exponen los usuarios, no es únicamente mecánico, recientemente fue captado un operador de transporte público utilizando el teléfono celular y vapeando mientras conducía con pasajeros a bordo, una conducta que representa un riesgo para quienes viajan en la unidad y que, al mismo tiempo, pone en entredicho la vigilancia que se realiza sobre los operadores.

La situación cobra relevancia precisamente durante el regreso a clases, cuando aumenta la cantidad de personas que se desplazan por las principales avenidas y se intensifica la demanda de las rutas de transporte público.

Luna Loya ha planteado la necesidad de hacer más eficiente el servicio mediante una mejor coordinación con Tránsito, particularmente para atender los puntos donde se generan cuellos de botella. Incluso señaló que se requiere analizar la sincronización de los semáforos para disminuir los tiempos que los usuarios pasan detenidos durante sus recorridos.

Sin embargo, la eficiencia del transporte no puede medirse únicamente por qué tan rápido llega una unidad a su destino. También debería medirse por las condiciones del vehículo, la preparación y responsabilidad de quien conduce y, sobre todo, por la capacidad de la autoridad para detectar y sancionar irregularidades antes de que terminen provocando un accidente.

El llamado para la autoridad no es solamente a agilizar el tráfico o sincronizar semáforos. Es también a salir a las calles, revisar lo que realmente está circulando y hacer valer las reglas, porque de poco servirá reducir unos minutos los recorridos si los pasajeros continúan expuestos a unidades deterioradas o a conductores que no asumen la responsabilidad que implica llevar vidas humanas a bordo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *