Hay historias que duelen. Historias que sacuden y obligan a preguntarnos en qué momento se nos endureció el corazón

Matamoros, Tamaulipas •-Hace meses, a un costado de la carretera a la playa Bagdad, fue encontrada doña Nilda, una mujer de la tercera edad, abandonada a su suerte, en condiciones de desnutrición y vulnerabilidad. Sola. Sin nadie que respondiera por ella. Sin una mano familiar que la sostuviera.

¿Cómo es posible que una madre, una mujer que dedicó su vida a cuidar, a alimentar, a proteger, termine olvidada al borde del camino?
¿Dónde están sus hijos?
¿Dónde está su familia?
¿Por qué nadie la reclamó?
¿Por qué nadie se tocó el corazón?

Mientras su salud pendía de un hilo, hubo extraños que sí se detuvieron. Hubo quienes decidieron no voltear la mirada. Poco a poco, su estado fue mejorando. Contra todo pronóstico, doña Nilda se aferró a la vida.

Este día, gracias a las gestiones y el acompañamiento del Sistema DIF Estatal Tamaulipas, fue trasladada a una casa hogar en Ciudad Victoria, donde podrá recibir cuidados, atención y, sobre todo, dignidad.

Pero las preguntas siguen en el aire.

Porque no todos corren con la misma suerte. Muchas historias como la de ella no tienen un final esperanzador. Muchos adultos mayores mueren en el abandono, en el olvido, sin que nadie reclame su cuerpo, sin que nadie pronuncie su nombre.

Doña Nilda fue bendecida. Su historia no terminó en una fosa común ni en una estadística fría. Su historia duele, sí, pero también nos confronta. Nos recuerda que el abandono de un adulto mayor no es solo un acto de irresponsabilidad: es una herida social.

Que su caso no quede solo en la indignación momentánea. Que nos mueva a mirar más de cerca a nuestros mayores, a preguntarnos si estamos haciendo lo suficiente. Porque algún día, todos llegaremos a esa etapa de la vida. Y lo mínimo que merecemos es no ser olvidados.

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