14 de febrero: el día en que Cupido también acepta tarjeta

Llegó el esperado 14 de febrero, esa fecha en la que el amor según la mercadotecnia se mide en el tamaño del ramo, el peso de la caja de chocolates y el diámetro del oso de peluche. Porque claro, si no hay flores, globos metálicos y una cena con reservación, ¿realmente existe el romance?

Dicen que el Día de San Valentín celebra el amor y la amistad, aunque en la práctica parece celebrar más bien la capacidad de endeudamiento. Las florerías triplican precios con la naturalidad de quien “solo está aprovechando la temporada”, los chocolates adquieren un valor casi de joyería fina y los restaurantes ofrecen menús especiales que, curiosamente, cuestan el doble que la semana pasada… pero incluyen una vela.

Eso sí, no faltan quienes, con toda la ilusión del mundo, hacen el esfuerzo económico para regalar ese detalle que arranque una sonrisa. Porque más allá del sarcasmo, hay corazones que sí creen en el gesto, en la sorpresa, en el abrazo envuelto en papel celofán. Y eso también tiene su mérito.

Sin embargo, la pregunta incómoda sigue flotando en el aire entre globos rojos y promociones 2×1: ¿por qué demostrar el amor solo el día 14? Cuando se ama de verdad, no hay calendario que obligue ni fecha que condicione. El amor no debería necesitar recordatorio comercial ni etiqueta de temporada alta.

Pero mientras tanto, las calles se pintan de rojo, las redes sociales se llenan de fotografías perfectamente calculadas y Cupido si existiera probablemente estaría negociando comisiones.

Al final, cada quien celebra como quiere: algunos con cenas elegantes, otros con un mensaje sincero, y algunos más recordando que el amor, cuando es auténtico, no entiende de ofertas limitadas ni de precios inflados.

Porque querer bonito no cuesta… aunque el 14 de febrero insistan en lo contrario.

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