Zanates se vuelven parte del paisaje urbano en Nuevo Laredo por su alta capacidad de adaptación

La presencia de zanates en parques, plazas y avenidas de Nuevo Laredo se ha incrementado en los últimos años, convirtiéndose en un elemento habitual del entorno urbano. Su concentración en árboles y cables, especialmente al amanecer y al atardecer, así como la variedad de sonidos que emiten, ha llamado la atención tanto de habitantes como de especialistas.

Estas aves, cuyo nombre científico es Quiscalus mexicanus, pertenecen a la familia de los icterinos y no están emparentadas con cuervos ni urracas, como comúnmente se cree. Los machos se distinguen por su plumaje negro brillante con reflejos azulados o violáceos, ojos amarillos y una cola larga en forma de V, mientras que las hembras presentan tonos café más discretos.

Uno de los rasgos más notables de los zanates es su capacidad de adaptación a entornos urbanos. Su dieta omnívora les permite alimentarse de insectos, frutas, granos y restos de comida humana, lo que facilita su permanencia en ciudades. Además, pueden formar colonias de cientos o miles de ejemplares que utilizan árboles altos como sitios de descanso nocturno.

Especialistas señalan que también destacan por su inteligencia. Son capaces de resolver tareas simples, recordar rostros humanos y manipular objetos para obtener alimento. Su repertorio de sonidos incluye no solo el canto de otras aves, sino también ruidos del entorno urbano como alarmas y sirenas, lo que explica la diversidad acústica que generan en grupo.

Históricamente, los zanates eran más comunes en la región del Golfo de México, pero su distribución se amplió con el tiempo. Registros históricos indican que fueron introducidos al Valle de México durante la época prehispánica por el tlatoani Ahuízotl, quien apreciaba sus plumas y su canto.

Actualmente, su expansión continúa hacia el norte del país y el sur de Estados Unidos, favorecida por su capacidad para aprovechar recursos disponibles en las ciudades. Aunque su presencia genera opiniones divididas por el nivel de ruido que producen, especialistas coinciden en que forman parte de la fauna urbana y reflejan los procesos de adaptación de ciertas especies a los cambios en el entorno.

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