Voluntarios motorizados: los primeros en llegar y los últimos en rendirse
En la entrada de Ciudad Industrial, justo a la altura de la estación de Bomberos Número 2, un grupo de hombres y mujeres permanece siempre alerta. Son los voluntarios motorizados, personas que sin uniforme oficial ni salario, han hecho de la solidaridad una rutina y del auxilio, una vocación.
Cada día, bajo el sol o entre la bruma de la madrugada, estos voluntarios se reúnen listos para responder a cualquier llamado. Y cuando ocurre un accidente, son los primeros en llegar, muchas veces antes que las propias autoridades. Su compromiso va más allá de las sirenas y los reflectores: han sido capacitados en primeros auxilios, control de hemorragias y extracción de personas lesionadas, habilidades que han aprendido para salvar vidas sin esperar nada a cambio.
Su labor no se limita a los accidentes viales. Cuando un incendio deja a una familia sin hogar, ahí están ellos, ofreciendo apoyo y acompañamiento. Incluso, la mañana de este viernes, visitaron a un hombre en situación de abandono, recordando que la ayuda no solo se brinda en emergencias, sino también en los silencios donde pocos miran.
Los voluntarios motorizados son un ejemplo de que la empatía todavía tiene motor, y que en Matamoros hay corazones que no dudan en acelerar por el bien de los demás.

