Activistas lanzan pintura roja al retrato de Cristóbal Colón en el Museo Naval de Madrid

El colectivo “Futuro Vegetal” buscó denunciar el neocolonialismo y la crisis climática; la obra no sufrió daños gracias a una protección de vidrio.

Madrid.— Una acción de protesta del colectivo ambiental “Futuro Vegetal” provocó este domingo un nuevo debate sobre los límites del activismo en espacios culturales. Dos jóvenes lanzaron pintura roja contra un retrato de Cristóbal Colón expuesto en el Museo Naval de Madrid, en un acto que el grupo describió como una denuncia contra el “neocolonialismo y la destrucción del planeta”.

El incidente ocurrió alrededor del mediodía, cuando los manifestantes rociaron pintura sobre la obra y desplegaron pancartas con mensajes alusivos a la crisis climática. Personal de seguridad intervino de inmediato y los activistas fueron detenidos y puestos a disposición de la Policía Nacional.

El mensaje de la protesta

En un video difundido en redes sociales, los integrantes de “Futuro Vegetal” afirmaron que su acción buscaba “denunciar la explotación del Sur Global y el saqueo de recursos naturales impulsado por las potencias europeas”. El grupo señaló que eligió el retrato de Colón por su carga simbólica.

“La celebración del 12 de octubre es la celebración de siglos de opresión, explotación y genocidio de la población originaria de Abya Yala”, expresaron en su comunicado.

El uso de pintura roja, explicaron, representa la sangre de las comunidades afectadas por el cambio climático y la extracción de recursos.

La respuesta del Museo Naval

El Museo Naval de Madrid confirmó que la obra no sufrió daños, ya que se encontraba protegida por un cristal de seguridad. El personal de restauración limpió la superficie poco después del incidente y el área fue cerrada temporalmente.

“Condenamos cualquier acción que ponga en riesgo el patrimonio cultural, independientemente de la causa que se quiera defender”, señaló la institución en un comunicado.

Activismo y patrimonio cultural

Las protestas de este tipo se han vuelto más frecuentes en museos de España, Reino Unido y otros países europeos, donde colectivos ambientalistas utilizan el arte como espacio de visibilidad para sus demandas.

Aunque estos actos buscan llamar la atención sobre causas sociales o ecológicas, también generan división de opiniones: algunos los consideran una forma legítima de resistencia pacífica, mientras que otros los ven como acciones que ponen en riesgo el patrimonio cultural.

El caso reabre el debate sobre hasta qué punto el activismo puede valerse del arte como escenario de protesta, sin comprometer la conservación de las obras históricas.

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