Pez diablo, una plaga que no da tregua a los pescadores del sur de Tamaulipas

Altamira, Tamaulipas. A una década de su llegada a los cuerpos de agua del sur de Tamaulipas, el llamado pez diablo continúa representando un severo problema para los pescadores locales, especialmente en municipios como Altamira.

Desde hace 10 años, esta especie invasora ha proliferado sin control, afectando de forma directa la pesca tradicional. En la zona rural del municipio, pescadores como Agustín, quien divide su tiempo entre la pizca de chile, tomate y cebolla, y la pesca como actividad complementaria, afirman que este pez ha alterado el equilibrio de la fauna acuática.

“Pensábamos que era desde hace siete años, pero no… ya son diez los que llevamos batallando con esta plaga”, comenta Agustín desde su lancha, mientras otro pescador, desde el puente que cruza el Estero La Tuna, le corrige.

A simple vista, en dicho puente se pueden observar los esqueletos del pez diablo abandonados a la orilla. Según los pescadores, al ser capturados, ya sea con anzuelo o con atarraya, se desechan de inmediato, pues “de poco o nada sirven”. La especie no es aprovechable comercialmente ni para el autoconsumo, debido a presuntas advertencias sobre su toxicidad o posibles efectos negativos para la salud.

Hasta el momento, no existe una estrategia efectiva para controlar su propagación, por lo que los pescadores locales se han resignado a convivir con esta especie invasora que, aseguran, llegó para quedarse.

Mientras tanto, Agustín y muchos como él siguen lanzando la red con la esperanza de encontrar otras especies que no hayan sido desplazadas o afectadas por el pez diablo.

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