Santa Irene, tan ceca de la ciudad y tan bendita su tierra
Habitantes trabajan en el campo para su propia alimentación

Por María Pineda Briseño
La localidad de Santa Irene está situado dentro del Municipio de Matamoros Tamaulipas y está a 9 metros de altitud.
En un aproximado, cuenta con más de 50 viviendas y alrededor de 150 habitantes. En el 90% de las casas cuentan con energía eléctrica, drenaje, y después de muchos años de contar con norias, disfrutan del servicio de agua entubada que les permiten disfrutar de artículos como lavadoras para ser más fácil las actividades domésticas de las mujeres del campo.
Los pasatiempos en esta localidad, específicamente en Santa Irene es la televisión y su vía de comunicación que usan los habitantes es el teléfono fijo y celular así como la computadora personal, estos últimos, con servicios de internet.
Es un ejido relativamente cercas a la urbanización, pero aun así con dificultades para incluirse a la oportunidad del campo laboral en la industria o comercio ya que no cuentan con servicio de transporte para su traslado.
Con estos datos nos arroja, que prácticamente poco más de la mitad de las familias cuentan con un vehículo para viajar a la urbanización o ir de una localidad a otra.
Don José Barajas, comisariado de este ejido, nos narra de los aquellos ayeres, cuando el campo era bien trabajado por sus propietarios, cuando había programas federales y si se destinaba el recurso, ahora dice difícilmente el dueño los trabaja, ahora son tierras rentadas para que otras personas con posibilidades económicas y que tienen los medios para invertirles lo hagan.
“Ahora subsistimos y comemos de lo que nosotros sembramos y cosechamos, miren aquí tengo chile serrano, tengo sembrado tomate y nopales” exclamó Don José a la vez de llevarnos a recorrer estas tierras que todavía resulta increíble estar tan cercas de la riqueza que nos da y no sean aprovechadas.
En nuestro andar por la localidad, tuvimos también la oportunidad de presenciar de ese “trabajo rico” aquel que no paras desde que te levantas hasta que obscurece y te sientes satisfecho, y me refiero al que realiza Don Servando Rosales y su señora Isabel quienes tienen sus huertos de nopalitos, calabacita, flor de calabaza, además de limones, aguacates, chile y todo su sembradío bien cuidado con su riego para que le rinda frutos.
Su inquietud va más allá de lo que pudimos apreciar a simple vista ya que quiere conocer teóricamente y científicamente sobre el comportamiento de la tierra, sus tiempos fértiles y por qué ciertos siembras no cumplen su proceso final.
Con una pasión lo observamos recolectando nopalitos en un cajón de madera para la venta para quienes esporádicamente van a comprarle y dice que él seguirá insistiendo en buscar la manera de tener a mas compradores y lleguen a disfrutar de sus cosechas.
Nuestro asombro no término ahí, todavía nos llevó a otro lugar en donde tiene ganado como: borregos, marranos y gallinas, mismos que son para autoconsumo y para la venta si sale la oportunidad de compradores. Y como si fuera poco, también trabaja la leña para hacer carbón.

